Existen momentos en los que hay que tomar la oportunidad que se le presenta a uno. A veces son grandes oportunidades que te cambiarán la vida; otras son pequeñas, de esas que como mucho te alegran el día.
Ayer tuve una de esas oportunidades y la aproveché, aunque fuera solamente una de las pequeñas.
Estaba yo viendo un programa documental danés en Internet sobre un joven, llamado Frank Erichsen, que hace unos años decidió vivir una vida prácticamente autosuficiente y ecológica, y que a mi, personalmente, siempre me ha parecido bien atractiva. La serie documental se llama “Bonderøven”, que literalmente significa “culo de campesino” y que se usa muchas veces en danés como una forma peyorativa de campesino, aunque Frank pretende darle un nuevo sentido al concepto. Por desgracia la serie sólo se emite en danés sin subtítulos, pero si alguien quiere echarle un vistazo, aquí se pueden ver todos los capítulos.
Volviendo al tema que me traía aquí, mientras veía el programa, miré por la ventana y vi un arco iris coincidiendo con la puesta del sol. Tras un momento de duda, de si valía la pena o no, decidí salir con cámara en mano y bici entre las piernas para hacer unas fotos. Hace una semana hubo varios días con atardeceres rojizos casi sublimes, pero que por diferentes circunstancias no pude fotografiar. Además, llevo una temporada muy poco inspirado para hacer fotos y tenía la cámara un poco aparcada. De modo que cuando a uno le llega la inspiración, hay que aprovecharla.
Conozco un sitio a dos kilómetros y medio de mi casa con verdes praderas y una pequeña charca que seguro que quedaría bien en una foto con el arco iris y los cálidos colores del ocaso. Pero ya se sabe que el sol se esconde por momentos y que esos bonitos colores desaparecen en el momento menos esperado, por lo que decidí hacer unas fotos testimoniales del arco iris y dirigirme hacia la charca, a ver si me daba tiempo.
A mitad de camino, el arco iris era ya muy débil y casi no se veía, y pensé que no me daba tiempo a llegar a mi objetivo, por lo que paré y saqué unas fotos del sol cayente desde una zona que me pareció bonita.
No tuve en cuenta que en Dinamarca, donde vivo, en verano las puestas de sol y los amaneceres duran mucho más que en España debido a la latitud y el ángulo de la Tierra. Por lo que me animé de nuevo, me subí a la bici y pedaleé con todas mis fuerzas en dirección de la charca. Cuando ya estaba llegando, a la bicicleta, que lleva meses dándome problemas, se le sale la cadena. No sé si por los nervios o porque realmente necesito llevar la bici al mecánico, no acertaba a meter la cadena en el plato, por lo que acabé corriendo empujando la bici hasta llegar al charco.
Llegué un poco tarde, pero aún así, creo que valió la pena, aunque las fotos no me acaben del todo.


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